Abrí los ojos, estaba agotada. Esther estaba en la puerta, cantando una canción de cuna muy bajito, llevaba algo en las manos y lo dejó en la cesta de los gatos.
Huyeron despavoridos, yo me puse de pie.
No se como, pero ahora tenía un brazo y las dos piernas libres de ataduras. La soga continuaba apretándose como una serpiente alrededor de mi cuerpo, me habían hecho varias vueltas alrededor del cuello, si me movía me apretaba, si me apretaba demasiado me ahogaba, si me ahogaba...
-Esther, Esther...despierta, ESTHERRRRRR, sueltame, Esther, por favor!!!
Con una mano agarró una navaja que estaba en el suelo, se estiró el pelo y de un tajo, fuerte y seco se cortó un mechón de pelo, se acercó a mi.
- DESPIERTA, DESPIERTA
Me arrancó la pulsera de colores que nos habíamos comprado en el mercadillo y agarró con ella el mechón que casi se había arrancado.
Lo dejó pegado a la pared, debajo del otro, como ya llevaba tanto tiempo en aquella oscuridad, mis ojos se habían acostumbrado a la penumbra.
El pelo de la pared era del mismo color que el cabello de Alicia, y no era solo pelo.
La serpiente se acomodó en el canasto de los gatos.
Esther se giró y se fue por donde había venido cantando una dulce melodía.
Me pareció oir un ruido de motor que provenía de fuera...
Unos tenues rayos de sol me dieron en la cara...el mundo que me rodeaba comenzó a moverse.